Cry Macho: los cowboys (no) lloran

Clint Eastwood desempolva el sombrero de vaquero y la silla de montar. Como en Mula (2018), se coloca delante y detrás de las cámaras para contarnos una historia que (quizás) ya nos había contado con anterioridad. Sin embargo, ¿resulta interesante esta deconstrucción de su carrera, o es solo un dramón que roza el telefilme?
Mike Milo (Clint Eastwood), un jinete en el ocaso de su carrera. Fuente: Fotogramas.

Ciertamente, multitud de críticas lo han señalado, pero el hecho de recordarlo no le quita valor: Clint Eastwood tiene actualmente 91 años a sus espaldas y más de 60 de trayectoria profesional. El director, productor y actor es una de las pocas leyendas vivas del cine; una reliquia del Hollywood de antaño. Por ello, toparse con una película suya en cartelera (prácticamente, cada año) no deja de ser una alegría para los espectadores de hueso colorado; especialmente, cuando decide desengrasar sus dotes interpretativas.

La crítica especializada (sobre todo, la angloparlante) ha vapuleado Cry Macho. Se la ha tachado de “lenta”, “aburrida”, “excesivamente sencilla”… Uno de los argumentos más comunes ha sido el cuestionamiento del señor Eastwood como protagonista: “Está muy mayor“. Con respecto a este detalle, creo que es precisamente lo que él buscaba: mostrar a una estrella cuyo brillo se apaga lentamente pero a la que le quedan suficientes fuerzas, coraje e incluso locura, como para embarcarse en otra epopeya cinematográfica.

Y sí, el concepto de “héroe crepuscular” no es algo que Eastwood haya inventado; lo preceden películas como Valor de Ley (Hathaway, 1969) con John Wayne. No obstante, si uno analiza su filmografía, notará que esta, junto con otras cuestiones como la culpa, la soledad o la vejez, son prácticamente los temas centrales del director. Es más, se podría decir que él es quien ha perfeccionado y madurado esas inquietudes narrativas. Solo hay que observar unas cuantas muescas en su revólver: Sin perdón (1992), Million Dollar Baby (2005), Gran Torino (2008), su reciente Mula (2018) o, incluso, Los puentes de Madison (1995). Todas ellas, en mayor o menor medida, tratan alguno (o todos) los leitmotive anteriormente citados.

Clint junto al gallo “Macho”, el otro protagonista de la cinta. Fuente: HobbyConsolas

Por tanto, ¿volver a esas mismas inquietudes en Cry Macho no resulta reiterativo? En lo absoluto, y esto es porque, precisamente, la cuestión de la edad aquí funciona de forma más efectiva que nunca. Clint está visiblemente mayor, se mueve lentamente, su voz se siente cascada y apagada (todo esto en VO, aunque la versión doblada parece respetar esto con bastante fidelidad)… Y ese es justamente su punto.

El personaje de Mike Milo es un hombre que ha desperdiciado su vida siendo un tipo duro, “un macho” que se ha jugado el pellejo en incontables ocasiones y que, cuando ha tratado de recuperar el tiempo perdido, las cartas de la vida han jugado completamente en su contra. He ahí su caída en desgracia, he ahí su búsqueda de algún tipo de redención y he ahí su encuentro con este joven llamado Rafo (Eduardo Minett, en su primer papel angloparlante) quien le ayuda a salir del atolladero y encontrar las ganas de vivir.

La química entre un cascarrabias y resabiado Eastwood y el muchacho chulesco y temperamental es, de forma indiscutible, el corazón de la película. Y si a eso le sumamos la incorporación de un gallo peleón (que se roba cada plano en el que aparece), tenemos una road movie que funciona, divierte y emociona pese a adentrarse en territorio conocido. Para más inri, estén atentos a ciertas escenas, como en la que el chico y el cowboy conversan frente a una fogata o el monólogo de este último en la iglesia.

El trío protagonista: Mike, Rafo (Eduardo Minett) y el gallo Macho. Fuente: El Confidencial.

En cuanto a detalles técnico-artísticos, la dirección de fotografía de Ben Davis (Tres anuncios en las afueras y Doctor Strange, entre otras) saca especial provecho de las puestas de sol, lo que sintoniza en gran medida con “el ocaso de una leyenda”. Además, la música de Mark Mancina (Tarzán de Disney, Vaiana, Con Air) aprovecha los ecos del western para deleitarnos con unas cuantas melodías country que sonrojarían a Gustavo Santaolalla (21 gramos, Babel, el videojuego The Last of Us).

Sin embargo, pese a sus mentados aciertos, se pueden plantear ciertas pegas respecto al libreto firmado por Nick Schenk (Mula, Gran Torino, la serie Narcos). Mientras que se exploran ciertas subtramas con sumo detalle, como el tierno romance con Marta (Natalia Traven) o la devoción por los animales y la vida rural, otras semillas plantadas no terminan de germinar. Por ejemplo, el maltrato físico y psicológico que sufre Rafo se muestra momentánea y efectivamente, pero la historia nunca vuelve a mencionarlo ni se aborda con la crudeza a la que nos tiene acostumbrados Eastwood. Sin ir más lejos de su filmografía, ahí están El francotirador (2014) o Mystic River (2003) como ejemplos de hasta dónde puede llegar el director cuando quiere tratar temas turbios o difíciles de soportar.

Así mismo, algunos matices y decisiones de los personajes no terminan de entenderse y ocurren de forma súbita; sin tiempo para que el espectador los procese. El cambio de parecer que sufre la madre de Rafo (Fernanda Urrejola) es tan repentino como desconcertante. De la misma manera, ciertos personajes que se plantean como antagonistas no terminan de sentirse como una verdadera amenaza y, en consecuencia, se recuperan para un clímax que transcurre de forma apresurada y sin grandes sobresaltos.

Milo enseña a Rafo a montar a caballo. Fuente: Espinof.

Quizás se trate de la sencillez formal y narrativa con la que Eastwood decide abordar toda la película (tiene mucho más de drama que de western). Aún así, no deja de ser chocante que el artífice de algunos de los desenlaces más memorables de la historia del cine (Million Dollar Baby o Sin perdón, por citar dos) nos brinde una resolución tan mundana y carente de épica. Porque Gran Torino sería muy dramática, urbanita y cotidiana, pero su tercer acto permanece en la memoria de cualquiera que la haya visto. Ese es probablemente su mayor problema: el conflicto final llega y se va en un suspiro; le falta fuerza dramática.

En síntesis, pese a que ciertos detalles del guion no están del todo pulidos, Clint vuelve a entregar otra película madura que sabe cómo y cuándo tocar la fibra sensible y que no teme cuestionar el pasado y legado de su estrella principal. Si esta fuese su última película, sería una humilde pero bonita despedida. Pero, como ya se sabe que el hombre vive por y para el cine, los amantes de este gran director seguiremos esperando cada una de sus propuestas con sumo entusiasmo. Porque el señor Eastwood podrá tener una ideología política que algunos abominen, pero que sus películas rezuman artesanía, reflexión y (sobre todo) humanismo, es algo incuestionable.

Concluyo con una cita de la propia cinta: “Eso de ser macho está sobrevalorado”, a la que añado: “y lo de ser joven, tres cuartos de lo mismo”.

Tráiler de la película.

Valoración de la película

Puntuación: 4 de 5.

Una película muy personal, sencilla en su realización y premisa, pero no por ello menos emotiva. Reflexiona sobre varias inquietudes muy familiares para los fans de Eastwood (la vejez, la soledad, el crepúsculo del héroe, el choque generacional) pero solo por el monólogo final de Clint merece un visionado. Muy en la línea de Lucky (2017), con Harry Dean Stanton. No apta para quienes esperen a Clint repartiendo balazos y tacos. Es una cinta crepuscular, pero también una celebración de la vida, del amor a la vejez y del reencuentro con la naturaleza.

Operación Camarón: Mucho ruido, pocas gambas

Otra comedia de la mano de Mediaset que se ha promocionado a bombo y platillo y que, en la tónica habitual de la compañía, se trata de un remake del filme italiano Song’ e Napule (Manetti & Manetti, 2013). Pero, ¿es Operación Camarón (Therón, 2021) una comedia desternillante o solo un montón de humo fruto de una hiperbólica promoción?

Ya lo explicaban Mike Stoklasa y Jay Bauman (los creadores del canal de YouTube RedLetterMedia) en su análisis del remake de Cazafantasmas (Feig, 2016): la comedia es probablemente el género más difícil de analizar porque hay muchas formas de decir “es que simplemente no me hizo reír“. Esta crítica no busca realizar un análisis objetivo ni sentar cátedra, ya que cualquier reseña está parcialmente sesgada por la opinión de quien la escribe. Aclarado esto, comencemos por la sinopsis.

Sebas “El Cojonera” (Julián López) entregado a su teclado durante una boda. Fuente: espinof.com

La premisa, partiendo y relocalizando la del film italiano anteriormente citado, es la siguiente: Sebas (Julián López) es un pianista frustrado que trabaja como policía (previo enchufe familiar) para la unidad antidroga en Cádiz. Un día, la inspectora Josefa Garrido (Miren Ibarguren) y sus compañeros (Canco Rodríguez y Julián Villagrán) lo escuchan tocar el piano y se les ocurre una “brillante” idea. En consecuencia, Sebas se hará pasar por teclista para infiltrarse en la banda de flamenco-trap “Los Lolos” capitaneada por el susodicho Lolo (Carlos “Nene” Librado), con la intención de colarse en la boda de la hija de Abeledo (Antonio Dechent), el lugarteniente del misterioso narcotraficante apodado “El Fantasma”. Por el camino, se labrará una fuerte amistad con los integrantes del grupo, especialmente con Luci (Natalia de Molina), la hermana y mánager de Lolo. Así, las mentiras y los malentendidos irán tejiendo una red en torno a la vida de Sebas, hasta el punto de que su lealtad por ambos bandos será puesta a prueba.

Mi principal problema con la película es, insisto, totalmente subjetivo: no disfruto con el humor basado en estereotipos y localismos y la película se construye en torno a eso.

Lolo (Carlos “Nene” Librado) discute con su hermana Luci (Natalia de Molina). Fuente: telecinco.es

Una muestra clara de los tópicos en Operación Camarón (rodada entre Cádiz y Sevilla) es la presentación del personaje de Lolo en un bar. En dicha escena, aparece un niño que empieza a tocar la guitarra “con mucho arte”. El punto del guion es mostrar que el talento es, en parte, innato. Para cuando el chiquillo acaba con su pequeño concierto, Lolo, mientras mira a Sebas, le pregunta al pequeño: “¿Tú has ido a solfeo?” a lo que el muchacho responde: “Tú si que eres feo, cabrón”. Acto seguido, el cantante invita al menor a tomar lo que quiera y este pide a gritos un gin tonic.

Otra píldora de la dinámica cómica de la cinta se evidencia en la presentación del personaje de “Fotosho” (Xisco González), un chico de Granada que forma parte de los Lolos. ¿Cuál es el mayor estereotipo que se suele decir sobre la gente de allí? Efectivamente, la “mala follá“. Pues ahí está la premisa con la que se juega todo el rato en torno a su personaje…

Los dos “destripes” anteriormente mentados no son spoilers por gusto, sino que evidencian las claves narrativas que construyen el humor de la película. Al conocerlas, cualquiera que lea esta crítica puede esbozar si el filme casa con su sentido del humor y decantarse por verla o no. Cierto es que el trailer y spots con los que se ha bombardeado al espectador español medio ya apuntan a este tipo de gracietas, pero toda advertencia es poca.

“Los Lolos” al completo. De izquierda a derecha: Sebas, Ortiguilla (Juanlu González), Luci, Lolo y “Fotosho”. Fuente: KISS FM.

Pero incluso teniendo un buen guion, cualquier comedia puede desmoronarse si no cuenta con los actores adecuados. En el caso de Operación Camarón, hay una de cal y otra de arena, ya que cuenta con actores de gran talento como Paco Tous, Antonio Dechent, Alberto López o Adelfa Calvo. Dechent, que interpreta a uno de los dos antagonistas principales, llena la pantalla con su presencia y se convierte en un personaje verdaderamente amenazante. Para muestra de ello, bastaría con fijarse en una escena cercana al tercer acto, en la que, mientras sostiene a un gallo de peleas, advierte a los Lolos con un pequeño monólogo.

Sin embargo, otros intérpretes como Tous son desechados de una manera tan absurda (en su caso, dos chistes de chirigotas y un par de gritos) que uno no puede evitar sentirse frustrado ante semejante desperdicio.

Así mismo, la película no solo juega con clichés narrativos, sino que convierte a algunos de sus actores en tópicos con patas. ¿Cuántas veces vamos a ver a Julián López encarnar a un protagonista inocentón, friki, torpe y algo neurótico? ¿Miren Ibarguren solo sabe interpretar a mujeres gritonas con mucho carácter? La cinta cuenta indudablemente con un buen reparto, pero al querer jugar “a lo seguro” vuelve a colocar a muchas de sus piezas en el mismo tablero cuadriculado y aburrido de siempre. Solo hay una sorpresa grata y destacable: Carlos Librado como el susodicho Lolo. Conocido por la serie Gigantes o El guardián invisible, en esta película interpreta al personaje de forma creíble, rozando la fina línea del cliché de “artista chulo y egocéntrico” y logrando generar una legítima simpatía de cara al espectador a través de su arco de personaje. Pero lo más sorprendente del papel: de todo el reparto de “no andaluces” es el único que logra un acento andaluz que no suena impostado.

La inspectora Garrido (Miren Ibarguren) y sus ayudantes (Canco Rodríguez y Julián Villagrán) intimidan a Sebas. Fuente: Gatrópolis.

En cuanto al director, Carlos Therón, me parece uno de los más hábiles del género actualmente. Sus comedias no pecan de una realización televisiva (en términos de “plano-contraplano” con escasa profundidad de campo y predominancia del plano medio) ni de falta de personalidad. Sin ir más lejos, una secuela pasable como Fuga de Cerebros 2 (Therón, 2011) contaba con un plano secuencia (a lo Scorsese) dentro de una fraternidad universitaria que dejaría boquiabierto a cualquier espectador observador. Lo dejo cuando quiera (Therón, 2018) tenía un ritmo trepidante, fruto de un cuidado montaje, y un humor que a menudo traspasaba la barrera de lo políticamente correcto; el gag de los testículos de los mafiosos rusos o el del poni chocaban diametralmente con las convenciones de la comedia española promedia.

En esta película vuelve a mostrar verdadera pasión y creatividad desde la silla del director, apostando por ciertas referencias visuales tan disparatadas y extravagantes como un “duelo western” (con primerísimos primeros planos de los ojos, al puro estilo Sergio Leone) en mitad del clímax o persecuciones de coches con ritmo, tensión y acción bien rodada, huyendo de clichés actuales del cine de acción como la shaky cam (cámara agitada) o los cortes rápidos en montaje.

Es una lástima que el guion esté construido sobre tantos lugares comunes, porque la dirección de Therón ya suponía un 50% del trabajo hecho. Incluso siendo una película de una empresa como Mediaset, hay lugar para la autoría, puesto que volvemos a ver un plano general de los protagonistas caminando a cámara lenta (como en sus anteriores cintas Es por tu bien y Lo dejo cuando quiera), al más puro estilo Reservoir Dogs (Tarantino, 1992).

“Los Lolos” dan un concierto frente al Puente de Triana. Fuente: Cadena SER.

El problema objetivo de Operación Camarón radica en su tono, que pasa de ser una comedia de enredos con elementos románticos y excusa de trama criminal a un thriller con ciertos golpes de humor. Concretamente, hay un punto de inflexión en la trama: la secuencia del hotel. Es en ese instante cuando culmina cierta subtrama que involucra al miembro más joven de Lolos y cuando estalla la verdadera motivación del protagonista para querer detener a El Fantasma. Es decir, estamos hablando de una escena crucial, el puente del segundo al tercer acto.

Siendo justos, es bastante común que una comedia se adscriba a un tono eminentemente dramático para que su clímax se sienta como un verdadero obstáculo que pone en peligro el final feliz. Ahí están, por ejemplo, Funny People (Apatow, 2009) o la persecución desesperada de Jim Carrey al final de Mentiroso compulsivo (Shadyac,1997).

Sin embargo, la explosión de violencia que adopta, aunque ni por asomo llega a las cotas de películas como las de Enrique Urbizu o Rodrigo Sorogoyen, no deja de sentirse como un choque brutal y notable con respecto al tono anteriormente planteado. Hace dos escenas contemplábamos una cómica escena sobre “la cobra” que sufre el personaje de Natalia de Molina y en ese momento vemos a un menor de edad siendo apaleado con una palanca. Claramente, las piezas del puzle no terminan de encajar…

Luci y Sebas, ¿una pareja imposible? Fuente: filmAnd.

En definitiva, ¿es Operación Camarón “la comedia del verano”? Depende de a quien le preguntes. Si eres fan del flamenco-fusión o te generan simpatía los arquetipos y lugares comunes sobre Andalucía y la cultura cani, esta cinta te funcionará a las mil maravillas. Si buscas una comedia sutil, subversiva con tus expectativas, con diálogos-metralleta a lo Billy Wilder o un humor con muy mala baba, como muchos de los chistes de los Monty Python o de las pelis de Berlanga, esta película no es para ti.

En cualquier caso, gracias a este tipo de propuestas, la gente está regresando a los cines. Y eso, sin importar la película que sea, se agradece dados los duros tiempos por los que está pasando la industria.

Videoclip de una de las canciones de la película, con escenas de la misma.

Valoración de la película

Puntuación: 3 de 5.

Una película que no engaña a nadie. No inventa la rueda en cuanto a comedias: la mayoría de sus actores interpretan papeles en los que ya están “encasillados” y su guion se construye en torno a estereotipos sobre los canis y los andaluces. Pero, aún con todo, la inventiva dirección de Therón y algunas interpretaciones como las de Antonio Dechent y Carlos Librado la hacen más llevadera. Si te gustan las claves propias de las comedias producidas por Mediaset, la disfrutarás enormemente. Si no, difícilmente te resultará “la comedia del verano”.

“The Assistant”: Retrato de la cultura del silencio

Kitty Green escribe y dirige una certera visión acerca del abuso sexual en el mundo de Hollywood, huyendo del sensacionalismo para acercarse a una realidad presente en numerosos entornos laborales.
Tráiler “The Assistant”. Fuente: youtube.como/enFilmin

En octubre de 2017, The New York Times publicó un reportaje con decenas de testimonios de mujeres acerca de los abusos sexuales del productor Harvey Weinstein. Estas denuncias culminaron el pasado año condenando a 23 años de prisión al reconocido empresario por agresión sexual. Este punto de inflexión en la cultura empresarial de Hollywood también puso fin a la carrera de otros actores y productores que se aprovecharon de su estatus en la industria. Todo esto se coronó con el movimiento #MeToo que rápidamente se extendió por todo el mundo, avivando una nueva ola feminista que ha puesto sobre la mesa conductas sexistas que antes pasaban desapercibidas a ojos de gran parte de la sociedad.

Es en este escenario donde se mueve The Assistant, que llega de forma exclusiva a nuestro país a través de la plataforma Filmin. En la película, Jane es una joven asistente de cine que sueña con ser productora que descubre en primera persona la desagradable realidad tras los despachos de Hollywood. No vemos el rostro del productor, sólo oímos su voz, pero irremediablemente asociamos a este sórdido personaje con la figura de Weinstein, y más teniendo en cuenta que es la primera película en abordar los abusos sexuales en la industria del cine tras el estallido del #MeToo.

Esto no significa que no haya otras películas y series que aborden casos de abuso y acoso sexual en el trabajo, véase por ejemplo El escándalo (acerca de Fox News) y la maravillosa serie The morning show (sobre una cadena de televisión). Sin embargo, The Assistant huye de escenas morbosas y de una narración efectista para retratar la normalización y cotidianidad de la cultura del acoso y el silencio alrededor de él.

Fotograma “The Assistant”. Fuente: vogue.mx

Su directora decide contar la historia de Jane exactamente de un solo día. Al principio, puede resultar algo lento y tedioso el relato de la cotidianidad, apenas hay diálogos y solo vemos la rutina matutina de la protagonista. Pero poco a poco van apareciendo diferentes detalles, ya sean gestos u objetos, que aunque al principio puedan pasar desapercibidos, van creando un puzle que el espectador irá completando junto a Jane. 

Esta construcción del entorno tóxico alrededor de la protagonista, donde no es tomada en serio por sus compañeros y es relegada a tareas domésticas incluso en la oficina, mantiene el interés del espectador gracias a la elegante dirección de Green. Por no hablar de la interpretación de Julia Garner, que consigue que empaticemos con un personaje poco carismático y en ocasiones anodino.

La mirada de Garner y sus sentimientos frente a las diferentes acciones de las que es testigo traspasan la pantalla. La cinta avanza y también lo hacen los detalles, las bromas de mal gusto, la cultura cotidiana del acoso se va mostrando cada vez más al espectador, y empezamos a sospechar, al igual que Jane, que hay algo más peligroso detrás de ello, en especial cuando aparece un nuevo personaje en escena. 

Julia Garner en “The Assistant”. Fuente: indiehoy.es

Todo culmina con una poderosa escena de Jane con el responsable de recursos humanos que provoca la indignación y rabia del espectador. Una escena donde todo explota y en la que se gesta la cultura del silencio entorno al acoso sexual. A partir de ese momento, cada frase del tercer acto de la película es casi una puñalada y que poner de relieve la normalidad de una serie de conductas más que reprobables.

Pese a ser una película ambientada en los entresijos de Hollywood, la puesta en escena sobria y naturalista, consigue que se pueda extrapolar a cualquier contexto laboral. Aunque es cierto que esta sobriedad, lleva consigo un cierto desdibujamiento del resto de personajes, lo que provoca que tardemos en entender ciertas situaciones, como puede ser la visita de los productores o ciertas conversaciones con la protagonista.

Puesto que todo se centra en la experiencia y en la vivencia de Jane, en ciertos momentos se echa en falta una visión algo diferente para entender de manera más profunda el contexto y el día a día de la oficia. Además, pese a ciertas escenas donde podemos apreciar cierta sororidad, esto no se refleja de una forma algo más manifiesta.

Fotograma “The Assistant”. Fuente: lanacion.com

La película consigue, pese a que su ritmo a veces no ayude al espectador, crear debate en torno a los comportamientos y acciones de sus personajes. Comprender a la protagonista y ser consciente de la realidad, más cercana de lo que creemos, en el entorno laboral de las mujeres y detectar las dinámicas tóxicas. Green consigue todo eso, ayudada también por la interpretación de Garner y la fotografía de Michael Latham en la composición de un relato certero, sobrio y cercano.

Valoración de la película

Puntuación: 4 de 5.

Un muy acertado puzle acerca del acoso sexual lleno de detalles, que llevan de la mano al espectador a un interesante debate gracias a la puesta en escena de Green y la mirada de Garner.

Ane: El drama familiar tras el conflicto vasco

Ane ha sido uno de los fenómenos del cine español en un 2020 atípico para la cartelera. Este largometraje ha conseguido un aplauso casi unánime de la crítica cinéfila, ganando hasta 3 Premios Goya este año

Este éxito no es algo fortuito, Ane es un drama que ahonda en la relación madre e hija con la realidad social vasca de fondo. La primera escena ya nos pone en situación acerca del contexto de la película. Mientras trabaja como guardia de seguridad en una obra, Lide tiene que apagar un incendio provocado por un grupo de manifestantes contra la expropiación de viviendas en el barrio para construir el AVE. Cuando ella vuelve a casa, descubre que su hija, Ane, no ha dormido en su cuarto. A partir de ese momento, iniciará su búsqueda e irá descubriendo todo el mundo alrededor de su hija que desconocía.

Fotograma de Ane. Fuente: espinof.com

Con esta premisa de amor materno-filial, la trama avanza poco a poco. Esta lentitud en el desarrollo inicial de la cinta puede llegar a frustrar al espectador, que en un principio se encuentra con un personaje un tanto histriónico y chillón, aunque aún no es cuando aparece el verdadero conflicto. Hasta llegar a ese punto, el guion no parece estar muy cuidado, tomando algunas decisiones que pueden descolocarnos, sobre todo al tratarse de una desaparición.

Esa falta de profundidad y algunos que otros bandazos, se empiezan a corregir y mantienen el interés del espectador, gracias a la interpretación de Patricia López Arnaiz. Ella es la verdadera estrella de la película, dando la profundidad y humanidad necesarias para entender y empatizar con un personaje que, en un primer momento, puede no despertar suficiente simpatía con el espectador.

López Arnaiz avanza desgranando las diferentes capas de Lide, sus contradicciones y su sorpresa e indignación personal ante lo que va descubriendo de su hija. La gran interpretación de la actriz la ha llevado a conseguir el Goya mejor actriz protagonista.

Patricia López Arnaiz en Ane. Fuente: elcultural.com

Sin duda, su interpretación es el principal motivo para ver esta película. Pero Jone Laspiur, en su papel de Ane, tampoco se queda atrás. Tanto es así, que la joven actriz ha conseguido llevarse el Goya mejor actriz revelación. Laspiur no solo tiene la fuerza necesaria para este papel, también capta la vulnerabilidad de su personaje, llevando al espectador a empatizar con esta adolescente llena de contradicciones con su manera de pensar y su familia.

Ambas mujeres son personajes difíciles y llenos de matices, los cuales no son explotados del todo y tardan mucho en salir, dando en un primer momento una sensación de tópico, hasta que las interpretaciones logran sacar las distintas caras.

Jone Laspiur en Ane. Fuente: filmfilicos.com

La decisión de su director, David Pérez Sañudo, nominado a mejor dirección novel y ganador del goya mejor guion adaptado, de convertir la película en un drama familiar es efectiva cuando la trama gira en esa dirección, pero sufre y deja una sensación vacía cuando se acerca hacia el suspense o el retrato social.

Esto provoca que, aunque el contexto social complementa muy bien con la historia, este desaparece por momentos, dejando cabida a otros temas, como el aborto, que no son tratados con suficiente profundidad. También hay cierta desdibujación del resto de personajes, para dar protagonismo a la relación a las protagonistas, lo que provoca no entender del todo al resto de la familia o a los grupos de protestas de Ane.

Pero esta decisión, provoca generar momentos dramáticos de gran calidad, donde la cámara, aunque sea extraña su posición en un principio, ayuda a profundizar en los sentimientos de los personajes, y por tanto incita al lucimiento de las actrices.

La escena del baño, del reencuentro o el final mismamente tienen un punto de vista algo distinto a lo que estamos acostumbrados, pero que son muy eficaces. Aunque también, hay periodos totalmente borrosos como el viaje a Francia, al igual que existe un cierto alargamiento en algunas escenas, que no ayudan al ritmo de la película.

Fragmento de Ane. Fuente: elcorreo.com

Se podría decir que Ane es un buen drama familiar con unas grandes interpretaciones protagonistas y un breve retrato de la situación conflictiva en el País Vasco en los últimos años. Pese a su falta de ritmo en ocasiones y la falta de empatía en ciertos momentos por parte del espectador, su tramo final es potente y cuenta con una dirección que consigue una serie de escenas de enorme calado.

Valoración de la película

Puntuación: 3.5 de 5.

Dos grandes interpretaciones que dan profundidad y humanidad a un relato que en ocasiones se haya algo falto de ritmo y dirección.