11M: el eco eterno

A tres días de las elecciones generales, España sufría el mayor atentado terrorista de su historia en 2004. El pánico se hacía con la capital tras diez explosiones en cuatro trenes de Cercanías que aún perduran en la memoria de los españoles
Uno de los trenes que sufrió las explosiones que provocaron los atentados del 11M. Fuente: Cadena SER

Madrid, 11 de marzo de 2004

7:15 am

Es jueves. Son las siete y poco de la mañana. La ciudad ha despertado bajo una niebla que invisibiliza los edificios más altos. El frío es intenso. Como cada mañana, la estación está abarrotada. Todos llevan prisa. El siguiente tren sale en pocos minutos. Los vagones casi van llenos y algunos tienen que esperar al siguiente. Cuatro trenes de cercanías acaban de pasar la estación de Alcalá de Henares.  

7:30 am

Se respira calma en cada coche del tren. Hay una mochila en el suelo; alguien debió perderla. Unos aprovechan el trayecto para dormir unos minutos más. Otros leen las noticias que abre los periódicos: los últimos actos de la campaña electoral o la victoria del Real Madrid contra el Bayern de Múnich. Casi todos viajan callados, pero es lo normal a estas horas de la mañana.

7:37 am

Algo ha roto el silencio. Un estruendo ensordece Atocha. Acaban de explotar tres bombas consecutivas en la vía 2, en el tren 17305, que tenía como destino final Chamartín. La explosión se ha originado en el último vagón, el más próximo a las escaleras mecánicas. El caos se apodera de la estación y nadie sabe qué ha pasado. La niebla se ha hecho humo y apenas se ve. La masacre ha despertado.

7:38 am

Ha vuelto a pasar. Esta vez en la estación de El Pozo del Tío Raimundo, en el barrio de Vallecas. El estallido de dos bombas más ha reventado el tren 21435, que salió de Alcalá de Henares hace apenas media hora con destino a Alcobendas.

7:39 am

El tren 21713 también ha sido destrozado. Otra carga explosiva lo ha hecho volar por los aires. La estación de Santa Eugenia sufre de nuevo el temblor.

Segundos después vuelve a estallar la tormenta. A 500 metros de la entrada de la estación de Atocha, en la calle Téllez, cuatro bombas más explotan en el tren 21431, con destino a Alcobendas.

Explosiones de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Fuente: YouTube (Pilar Almendral)

Tres minutos desgarradores. Los más afortunados corrían sin destino en busca de respuesta. Otros muchos miraban desde el suelo, sin poder moverse, cómo huían a su alrededor. No había salida. El andén quedaba oculto entre el desastre. La desesperación recorría cada esquina de aquella estación. Miles de sollozos pedían un rescate a gritos. El más doloroso de los silencios alertaba de lo inevitable. Los atentados dejaron finalmente a 192 personas sin vida. Otras 1.900 fueron heridas.

No habría próxima estación. Cientos de historias a medias y miradas perdidas. Una última parada; el último viaje.

Renfe suspendió de inmediato el tráfico en todas las líneas con origen o destino a Madrid. El pueblo se entregó en cuerpo y alma. “Nadie les pidió nada y nos dieron todo lo que estuvo en su mano. Llovían mantas desde los balcones de Téllez”, contaba Juan José Carricoba, técnico de emergencias del Servicio de Asistencia Municipal de Urgencias y Rescates (SAMUR), para el diario El Mundo. La escena fue espeluznante.

Una entre mil historias

Voz Nueva ha querido hacer eco de una de las historias de los viajeros de aquellos trenes y sus familiares. Por ello, hemos contactado con un madrileño que que no ha dudado en sincerarse y relatarnos cómo vivió aquel día. Era su hermana mayor quien iba en uno de los trenes, pero ha preferido no hacerla revivir los hechos. Aunque para él también ha sido difícil hacerlo.
Explosión captada por las cámaras de seguridad de la estación de Atocha. Fuente: El País

«Yo estaba en casa tranquilamente. Por aquel entonces estudiaba. Mi hermana se había ido a trabajar. No me acuerdo de la hora exacta, pero recuerdo que era muy pronto para que ella llamara a casa. El primer tren que explotó antes de entrar a Atocha fue en el que iba mi hermana. Iba en el vagón del centro, justo en el que estaba colocada la bomba. Ella se salvó gracias a que un hombre se tiró encima suya. Se despertó escuchando la voz de alguien que gritaba: ¿Hay alguien vivo? ¡Que me responda alguien! Era un paramédico del Samur. Mi hermana levantó la mano y en ese momento la cogió de la mano para sacarla del tren. Cuando salió se dio cuenta de que la persona que estaba encima de ella no tenía ninguna extremidad. Ella tuvo mucho trauma por ese tema.

Al primero que llamó fue a mí. Me dijo: Llama a papá y a mamá que me ha pasado esto. Yo no me lo creía y puse las noticias. Hablando aún con ella explotó la segunda bomba. Se perdió totalmente la comunicación y ya no supe nada más de ella. Llamé corriendo a mi madre. No podía creérselo. Me dijo que no me moviera de casa. Aún estando en llamada una compañera de trabajo se lo confirmaba por detrás. En ese momento colgó el teléfono y debió llamar a mi padre porque él no me contestaba las llamadas.

Más tarde, me enteré de que mi padre había ido a buscar a mi madre y se fueron a Madrid lo más rápido posible. Al llegar aparcaron en mitad de la calle y mi padre fue a hablar con un policía. Le dijo que no podía entrar, pero él acabó accediendo como pudo. Se me saltan las lágrimas. Habló con un paramédico y dio la casualidad que era el mismo hombre que atendió a mi hermana, entonces le dijo a donde la habían llevado. Fueron al hospital. Fuera había unas listas con nombres de los fallecidos y de los que habían ingresado allí. Mi hermana no salía por ninguna lista. Preguntaron por ella y nadie sabía nada de ella. Fueron al punto de información y en ese momento apareció mi hermana en una camilla. Le dijeron que tenían que esperar. Al cabo de una hora pudieron verla. Llevaba un collarín y un tapón de algodón en el oído. Debido a todo esto, mi hermana tiene el tímpano del oído derecho muy fastidiado. No oye apenas. Este día supuso un trauma muy fuerte para toda mi familia«.

Hermano de una superviviente de los atentados del 11M

Estos trenes nunca llegaron a su destino. Sus cientos de pasajeros tampoco. Alguien se encargó de ello. Nadie sospechó de una mochila tirada a los pies de un asiento. Quién iba a imaginar que un trozo de tela causaría tanto dolor. Varios miembros de un grupo yihadista activaron las bombas mediante teléfonos móviles que introdujeron en dichas bolsas. En total explotaron 10 artefactos. Fue posible desactivar otras tres bombas a tiempo. Semanas después, siete de los terroristas que colocaron las bombas se inmolaron en un piso de Leganés, matando a un GEO (Grupo Especial de Operaciones).

Montaje de las bombas utilizadas en los atentados del 11M en Madrid. Fuente: El País

España se estremecía ante los hechos. El país convertía el dolor en rabia y viceversa en cuestión de minutos. Los madrileños exigían respuestas. En busca de justicia y explicaciones, se viralizó un SMS en el que se organizaba una concentración ante sedes del PP —entonces en el poder— a las 18 horas del sábado 13 de marzo. Necesitaban la verdad. Pablo Iglesias, el actual vicepresidente del Gobierno español, contó en 2014 que ese mensaje fue gestado por algunos de sus compañeros en la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense. Añadía que él no tuvo nada que ver.

Mensaje viral de protesta tras los atentados del 11M en Madrid. Fuente: El País (Josep Lluís Sellart)

La indignación también se hizo notar en manifestaciones y concentraciones multitudinarias por toda España. La lluvia no impidió las protestas.

Hoy se cumplen diecisiete años de aquella masacre. Aún retumba el sonido de las sirenas en Madrid. Ninguno de los allí presentes salió ileso. Ni siquiera el que no sufrió ni un rasguño. Quedaba un dolor más intenso. Algunos aún lidian con el eco de las explosiones. Todavía muchos viven en un constante once de marzo, sufriendo el acoso de los recuerdos en sus memorias. Recuerdos que nunca debieron aparecer en el andén de sus vidas. El eco eterno de tres minutos de crueldad desmedida.

En homenaje a todas las víctimas y supervivientes de los atentados del 11M

Injusticia y desorden

Hace no mucho, reflexionaba sobre una frase de Goethe que se convirtió tiempo atrás en un tópico popular. La frase, en su traducción literal, reza así: “prefiero cometer una injusticia antes que soportar el desorden”. El tópico, fue construido a través de una reformulación de esta frase en la forma: “prefiero la injusticia al desorden”. Esta afirmación es un interesante punto de partida para reflexionar acerca de los sucesos desencadenados por la condena de Pablo Hasél.

Johann Wolfgang von Goethe. (1749-1832).

Los hechos en los que nos movemos son ya conocidos. Esta última semana, distintas ciudades de España han vivido concentraciones, pacíficas y violentas, debido a la sentencia condenatoria al rapero Pablo Hasél por un delito de enaltecimiento del terrorismo. Este hecho, como ya es costumbre, ha dividido a la sociedad española en dos bandos que se enfrentan desde posiciones diametralmente opuestas.

La realidad acontecida tiene varios puntos merecedores de análisis. ¿Por qué la frase de Goethe? La respuesta en las calles, visibilizada e incluso defendida, ha sido aquella a la que Goethe se refería: desorden. El desorden como respuesta a una injusticia. ¿Es el desorden, entendido como violencia, una respuesta coherente a la injusticia? Sobre ello nos reflexiona Goethe.

Mossos d´Esquadra y manifestantes se enfrentan en el quinto día de protestas. Fuente: EFE.

La violencia es en sí misma injusta, no solo es, de ella nace injusticia. Injusticia que no existía hasta que la violencia la hizo aparecer. Josep Pla, en su Diccionario Pla de literatura, dedica unas palabras a la frase de Goethe. Para Pla, la violencia amenaza con extenderse fatalmente a una gran masa de personas inocentes, mientras que la injusticia es limitada, puntual. Este es el sentido de la frase de Goethe.

La violencia nunca ha sido, ni será, la mejor solución para una injusticia. Hay personas que argumentan que algunos logros se han conseguido gracias a la utilización de violencias de distinto tipo. Se olvidan de que nuestra sociedad no debe aspirar a avanzar a toda costa, debe aspirar a avanzar a través del mejor camino para todos; a través del camino más justo, de valores aceptados y reconocidos por todos. Preferir la injusticia al desorden, como Goethe, significa sufrir y luchar con medios justos y no entregarnos a la violencia solo porque creemos que el fin la justifica.

Manifestación en Madrid pidiendo la libertad de Pablo Hasél. Fuente: elPaís, Olmo Calvo.

El segundo punto merecedor de análisis es el de las valoraciones políticas. Los españoles ya deben estar acostumbrados a que, cuando un suceso sacude la opinión pública de este país, los partidos se lanzan a por la carne, aún fresca, para aprovechar al máximo lo acontecido. Esta vez no ha sido menos. En estas circunstancias, la España de los dos bandos vuelve a definirse. Quizás no es adecuado escribir volver, quizás la definición es permanente.

Los partidos, y en general la gente, ve imposible tomar una postura propia, una postura crítica. O estás de acuerdo con que Hasél entre en la cárcel y además condenas la violencia, o estás en contra de que entre en la cárcel y además no condenas la violencia (al menos explícitamente, en público). La posición que toma Podemos es digna de reflexión.

Podemos es gobierno, es poder ejecutivo, sea de coalición o no, es cabeza de un estado. La posición que Podemos adopta como cabeza de un estado es delirante. Hay una reflexión de Platón en su diálogo Gorgias que perfila esto con una exactitud que sorprende. Platón, en boca de Sócrates, critica a aquellos gobernantes que dicen preocuparse por los temas de la ciudad, como dirigirla adecuadamente, pero cuando llega la ocasión, la acusan de perversidades, culpabilizan a los demás de cuestiones que dependen de ellos.

Podemos lleva años cuestionando las actuaciones policiales en el control de concentraciones de personas y la falta de libertad de expresión en este país. Es legítimo que lo hagan, por supuesto, pero llegan al gobierno y las iniciativas brillan por su ausencia. No elaboran un plan para cambiar lo que critican, no presentan propuestas, no sacan a la luz este tipo de problemáticas; hasta que llega el momento en el que un suceso se puede politizar. Cuando esto ocurre, aprovechan el momento para criticar lo que llevan meses o años obviando. Es en ese momento culmen cuando merece la pena brillar. Posteriormente, el momento mediático termina, la polémica se aleja, olvidando el tema actual.

La policía depende del poder ejecutivo, del Ministerio del Interior, de su gobierno. Y, por otra parte, los Mossos dependen del gobierno catalán, otro gobierno que toma la posición delirante de Podemos. Gobernantes que no asumen responsabilidades, que se dedican a hacer propaganda más que política, o quizás es que la política actual es en esencia propaganda. Los demás partidos presentes, estos son, el PP, Ciudadanos o Vox, poco o nada les separa de lo criticado a Podemos.

Estos días puede que haya ocurrido una injusticia, quizás Hasél no debiera ingresar en prisión, no es lo que se comenta aquí. Pero la violencia no puede ser una respuesta vanagloriada en nuestra sociedad. A veces es difícil evitar la violencia, al fin y al cabo, no son muchos los que participan de los altercados. Pero jamás debemos alabar estos actos, ni mucho menos endiosarlos. No deben ser motivo de orgullo. Goethe no quería decirnos que debemos soportar las injusticias, quería decir que no todo vale para combatirlas.

La Alameda, icono de diversidad sexual andaluza

Ha pasado el 28F y en Voz Nueva nos sentimos orgullosos de Andalucía, una tierra que fue un enclave fundamental en las primeras manifestaciones a favor de los derechos del colectivo LGTB, con la llegada del régimen democrático. Concretamente, hablamos de la Alameda de Hércules, en Sevilla, lugar que sigue siendo referente de la diversidad sevillana.

A día de hoy, Madrid es una de las capitales de las manifestaciones de la diversidad sexual en Europa, reconocida por sus grandes marchas del Orgullo y desfiles llenos de carrozas, color, dinamismo y lucha política. En cambio, a finales del siglo XX, el escenario era muy diferente, tanto la localización como el tipo de manifestación, tenían un carácter distinto.

Después de la muerte de Franco en 1975, y del proceso constituyente en el que se envolvía España a raíz de este suceso, los colectivos LGTB de todo el territorio nacional salieron a la calle a través de manifestaciones y luchas, para conseguir la igualdad.

En 1977, se celebra en Barcelona la primera manifestación a favor de los derechos de las personas gais, lesbianas, transexuales y bisexuales. Puede decirse que fue el pistoletazo de salida para todas las demás que le sucedieron. Como hemos comentado, en Andalucía tuvo una gran repercusión, y realizó su primera manifestación el 25 de junio de 1978. La Alameda de Hércules de Sevilla se convertiría en una ubicación transcendental de la lucha andaluza para todas las  personas pertenecientes al colectivo.

¿Por qué la Alameda de Hércules?

Actualmente, la Alameda de Hércules, que a partir de ahora la denominaremos la Alameda, es un barrio sevillano caracterizado por su ambiente alternativo, su mezcla cultural y su propuesta variada en torno a ocio de todo tipo de bares de ambiente, salas de actuación, cines, teatros, discotecas… Aunque esto no siempre fue así.

La Alameda fue, hasta el siglo XX, un gran atractivo para celebraciones religiosas como San Juan y encuentros musicales en torno al flamenco, entre otras actividades culturales. Sin embargo, con la entrada de siglo, fue perdiendo relevancia y convirtiéndose en un barrio estigmatizado. 

Comparación de La Alameda de Hércules de 1870 y 2015. Fuente: ABC de Sevilla, fotografía del 1870 de Laurent y fotografía de 2015 de Raúl Dorado.

Los espacios sufren valoraciones y se jerarquizan mediante los discursos de los grupos sociales. Estas valoraciones no solo afectan al espacio en sí, que se verá influenciado por estos discursos, sino que también afecta a los propios habitantes de dicho lugar. Este proceso en la Alameda se materializa mediante la clasificación del mismo como un barrio potencialmente peligroso, con población en riesgo de pobreza y fuertemente señalada. En esta zona se llegaron a abrir 35 prostíbulos y quedó fuera de la mayoría de los procesos urbanísticos hasta la Expo del 92.

Precisamente por este ambiente de estigmatización y peligrosidad, se transformará en el espacio donde se abran los primeros locales de ambiente de Sevilla, y donde las personas pertenecientes al colectivo se reúnan frecuentemente. El lugar se caracterizaba principalmente por locales con alquileres reducidos y por ser poco transitado, a excepción de los allí convivientes. El colectivo LGTB ha sido, y en muchos aspectos lo sigue siendo, un colectivo estigmatizado y reprimido, por lo que las personas se sentían obligadas socialmente a apartarse de la ciudad y relegarse a espacios como este.

Manifestaciones en la Alameda

El 25 de junio de 1977, se celebra la primera manifestación andaluza por los derechos del colectivo LGBT en la Alameda de Hércules, Sevilla. Se celebra en conmemoración a la revuelta de Stonewall en Estados Unidos, primer paso decisivo en esta lucha. Se hace a modo de afirmación, para eliminar esta etiqueta de estigmatización que tantos años llevan a sus espaldas.

A pesar de la fuerte represión policial que hubo en Barcelona un año antes, el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR) convocó un mitin, donde se preveía que asistiesen unas 100 personas. Finalmente, asistieron en torno a 1000 personas, que luchaban también por la libertad de los “peligrosos sociales” que el franquismo había encarcelado.

Imagen de la manifestación organizada por Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria. Fuente: La Otra Andalucía.

Mar Cambrollé, una de las mujeres que participó y defendió sus derechos ese día de 1977, actualmente es la presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía y la que portó durante muchos años todos los documentos y archivos de esta manifestación. En 2018 lo entregó al Archivo General de Andalucía acreditando que era “para que no se olvide la historia, no se reescriba, ni se secuestre”.

Actualidad
Bandera LGTBI colgada en el Puente de Triana. Fuente: Sevilla Secreta.

A día de hoy, en la Alameda se sigue celebrando la marcha del Orgullo, por ser un lugar emblemático para este colectivo. Aún así, el barrio ya no es lo que era. Después de sufrir un proceso de gentrificación, ya no se caracteriza por ser el refugio de las personas estigmatizadas, sino que lleva por bandera esa diversidad y es un lugar donde se mezcla la cultura, la innovación y el arte.

Como andaluces, debemos sentirnos orgullosos, y más en estas fechas, de que nuestra tierra fuera pionera en la lucha de los derechos LGTB y se manifieste a favor del amor libre, y de la diversidad sexual y de género.

Polonia impone más limitaciones al aborto

La comunidad polaca, una vez más, sale a las calles el jueves 28 para manifestarse contra las duras decisiones del gobierno hacia el aborto. Decretan que los abortos por malformaciones son inconstitucionales.
Manifestantes polacos contra las nuevas restricciones al aborto, cerca de la sede del gobernante Partido Ley y Justicia en Varsovia, el 27 de enero de 2021. Fuente: Voz de América

Estas manifestaciones empezaron el día 28 de enero. Las protestas se desencadenaron por una decisión judicial en la que se endurecía una de las leyes de aborto más restrictivas de Europa. Además, a esto se sumó la publicación de un tweet del Centro de Información Gubernamental del país. En esta publicación anunciaba: “El Tribunal Constitucional presentó una justificación escrita a la sentencia sobre la protección de la vida. De conformidad con los requisitos constitucionales, la sentencia se publicará hoy en la Revista de leyes».

Fuente: Twitter

En 2019, los 119 miembros de la cámara baja del parlamento, denominado Sejm, mostraron una remisión ante el Tribunal Constitucional. En esta se decía que los abortos de embarazos no relacionados con la violación o que no amenazan a la madre son constitucionales. De esta forma la redacción, hasta este jueves vigente en la ley, permitía interrumpir un embarazo en caso de que exista anomalías fetales, amenaza para la salud de la mujer o por incestos o violaciones. En la práctica, según el periódico The New York Times, “la abrumadora mayoría de los abortos legales (1074 de los 1100 realizados el año pasado) fueron el resultado de anomalías fetales”.

El último fallo judicial argumentó que los abortos por anomalías fetales violan la Constitución. Es decir, infringen las protecciones constitucionales de la dignidad humana, el derecho a la vida o la prohibición contra la discriminación. Por lo tanto, aunque en Polonia hay muy pocas ayudas financieras y psicológicas para las familias de niños discapacitados, desde el 28 de enero de 2021 solo se podrá interrumpir el embarazo si es producto de una violación o incesto o cuando la vida de la madre corra peligro. Esto, según el periódico español El País, afecta al 97% de los abortos legales hasta ahora.

A todo esto, se suma la posibilidad de que los médicos puedan negarse a realizar un aborto legal o a rehusarse recetar anticonceptivos por motivos religiosos, y la existencia de largas esperas.

Manifestación en Varsovia por las nuevos límites al aborto. Fuente: El País. Kacper Pempel/Reuters
Tercer día de manifestación. Fuente: Made for minds. Michal Fludra

¿Cómo fueron las manifestaciones?

Estas protestas no solo se realizaron por la publicación oficial de la nueva normativa. Sino por que en ellas también acusaban al gobierno de secuestrar el poder judicial y debilitar los derechos de las mujeres y las minorías.

Miles de personas se concentraron en las calles de Varsovia y junto a todas ellas se encuentra Marta Lempart, la líder de Huelga de Mujeres. Además, también asistieron partidos políticos y grupos sociales, que ya habían participado en manifestaciones similares en el pasado. Conforme el diario El País, Marta Lempart ha atestado contra el gobernante del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS), la presidenta del Tribunal Constitucional y los médicos que no llevarán a cabo abortos en base al pronunciamiento del tribunal. Lempart señala: “Encontraremos a cada uno de ustedes. Esto es una advertencia para médicos y directores de hospitales”, y critica: “La prohibición del aborto no significa que no haya aborto. Hace que los abortos sólo estén permitidos para los ricos”.

Marta Lempart, líder de Huelga de Mujeres, y partidos políticos y grupos sociales, en las protestas del jueves 28 de enero de 2021. Fuente: El País. Kacper Pempel/Reuters

Según el periódico The New York Times, algunas personas vestidas como personajes de la serie El cuento de la criada salieron a las calles. Estas manifestantes incluso han interrumpido misas y vandalizado iglesias. Estos ataques se consideran raros en un país incondicionalmente católico.

Mujeres vestidas como El cuento de la criada protestaban en una catedral en Lodz, el domingo. Fuente: The New York Times. Marcin Stepien/ Agenja Gazeta, vía Reuters

Como consecuencia de todo ello, en las calles también se observa la presencia de vehículos policiales recordando que las manifestaciones son “ilegales” por la situación de la pandemia y pidiendo que abandonen el lugar. Por último, estas protestas también se repetirán en otras ciudades como Cracovia, Katowice, Breslavia, Bialystok, Poznan, Lodz y Gdansk, registrándose movilizaciones hasta en 40 ciudades polacas.

Francisco Sagasti, nuevo presidente de Perú

Tras la dimisión de Manuel Merino, Francisco Sagasti llega al cargo «por la estabilidad política del país»

Centenares de manifestantes protestan en Lima tras la destitución de Martín Vizcarra, 14 de noviembre de 2020. Ernesto Benavides, AFP.

Tras 27 horas con un vacío de poder, ayer, 16 de noviembre, el Congreso nombraba a Francisco Sagasti como nuevo presidente interino de Perú. Sagasti, ex funcionario del Banco Mundial y perteneciente al Partido Morado, llega al cargo, según las propias palabras de los que le dieron apoyo, «Por la estabilidad política del país», «por la tranquilidad y la paz», «para que se acaben las protestas», «por la reconciliación nacional…» La tarea de Sagasti será ardua: deberá encargarse de otorgar estabilidad al país, poner fin a las protestas que llevan sucediendo varios días y mediar la reconciliación nacional hasta las próximas elecciones de abril.

Hace escasos días, el entonces presidente de Perú, Martín Vizcarra, fue destituido por el Congreso de Perú, lo que desencadenó en una ola de protestas en todo el país andino. Desde 1985, todos los presidentes que han pasado por el gobierno peruano han sido procesados o investigados (menos Valentín Paniagua, presidente constitucional durante 8 meses entre el año 2000 y 2001) por supuestos delitos de corrupción. Vizcarra, presidente desde 2018 hasta 2020, era destituido del cargo el pasado lunes 9 de noviembre por supuestos pagos irregulares. Concretamente, por “incapacidad moral”, según palabras de la propia Cámara. Actualmente, de las 130 personas que componen el Congreso, 68 están siendo investigadas por la Fiscalía por diferentes delitos.

Estos presuntos actos de corrupción de Vizcarra se remontan al periodo comprendido entre 2011 y 2014, cuando el expresidente era gobernador de la región de Moquegua. El pasado 18 de septiembre se filtraron informaciones procedentes de ‘aspirantes a colaborador eficaz’ en las que se confirmaban los presuntos delitos de corrupción del hasta entonces presidente. Vizcarra habría cobrado algo más de 548.000 euros para financiar el Hospital de Moquegua, entre otras cuestiones. Estas afirmaciones aún permanecen bajo investigación. Muchos ciudadanos peruanos entendieron la destitución de Martín Vizcarra como un golpe de estado y tomaron las calles.  

Por consiguiente, la ciudadanía rechazó la toma de posesión de Manuel Merino, centroderechista de 59 años, elegido para relevar a Martín Vizcarra. Las manifestaciones fueron multitudinarias y fuertemente reprimidas por la policía. Decenas de miles de personas se concentraron en Lima y en otras ciudades del país. Tras seis días de continuas protestas, el pasado sábado se producían las primeras víctimas mortales, además de dejar a su paso casi un centenar de heridos. Dos jóvenes manifestantes de 22 y 24 años presentaban heridas de armas de fuego.

Tras estos dos asesinatos a manos de la policía peruana, el presidente que llevaba apenas cinco días en el cargo, Merino, dimitía. “En este momento en que el país atraviesa una de las más grandes crisis políticas, presento mi renuncia al cargo de presidente de la república”, declaraba en un mensaje emitido por televisión a la nación. “Creo en la lucha frontal con la corrupción, los corruptos no pueden representarnos, creo que el poder es para servir a los demás y no a poderes subalternos”, añadía. «Estos sucesos (los asesinatos de los manifestantes) deben ser profundamente investigados para determinar responsabilidades», concluía.

Con la llegada de Francisco Sagasti, Perú ha tenido un total de 4 presidentes en los últimos cuatro años. Dos de ellos en menos de una semana. Con Sagasti en el cargo, la Fiscalía seguirá investigando a Manuel Merino por homicidio doloso.

Esta nueva crisis política tiene lugar en plena pandemia, que deja ya un rastro de más de 35.000 personas fallecidas y casi un millón de contagios en el país. Los ciudadanos peruanos ejercerán de Gran Hermano: vigilarán los pasos de sus dirigentes políticos y no dudarán en tomar de nuevo las calles. Faltan 5 meses para las próximas elecciones.

¿Qué está pasando en Bielorrusia?

Hace unos meses, el país exsoviético se hacía eco en todo el mundo tras las elecciones presidenciales, pero ahora parece haber desaparecido del mapa.

Manifestantes opositores protestan contra los resultados de las elecciones presidenciales en la Plaza de Independencia, Minsk, 20 de agosto de 2020. Fuente: Hispan TV

El pasado mes de agosto tuvieron lugar las elecciones presidenciales en Bielorrusia. Los medios de comunicación de todo el mundo pusieron el foco en este país exsoviético que alcanzó su independencia en 1991. Tres años más tarde, Aleksandr Lukashenko conseguiría hacerse con el poder y, desde entonces, ha permanecido en el cargo. Ahora, tres meses después, apenas llegan noticias. ¿Dónde está Lukashenko? ¿Dónde está la oposición bielorrusa? ¿Continúan las protestas contra el gobierno?

La situación bielorrusa antes de la mediatización

Bielorrusia era un estado que formaba parte de la antigua Unión Soviética hasta que, en 1991, ésta fue disuelta y se formaron nuevos países a causa de la llamada Perestroika (reforma económica impulsada por el presidente Mijaíl Gorbachov para desarrollar una nueva estructura interna de la Unión Soviética).

Desde entonces, el único presidente que ha tenido el país ha sido Aleksandr Lukashenko. La duración de los mandatos, en su origen, era de 5 años, pero en 1996 se organizó un referéndum y la elección que debería haber sucedido en 1999 fue suspendida y trasladada al año 2001. En la constitución bielorrusa de 1994 se declaraba que el presidente electo sólo podía ocupar el cargo durante dos mandatos pero, debido a una reforma constitucional, esto se eliminó y se decretó que el presidente podía ser reelegido indefinidamente. 

Como curiosidad, cabe destacar que Bielorrusia fue uno de los países más afectados durante la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que más de un 25% de la población se perdió durante la ocupación de la URSS por la Alemania nazi. Al final, la batalla se saldó con alrededor de 2 millones de personas asesinadas y casi toda la población judía eliminada. Casi el 85% de la capital resultó destruida por los continuos bombardeos.

Por otra parte, durante el desastre nuclear de Chernóbil, se pronosticó que cerca de un 70% de la actividad radioactiva cayó sobre Bielorrusia: casi todas las partículas malignas tomaron sus tierras.

El presidente de Bielorrusia Aleksandr Lukashenko, en un desfile militar el 9 de mayo en Minsk. Fuente: EFE
Las opositoras que se atrevieron a desafiar a Lukashenko

Aleksandr Lukashenko, después de 26 años en el cargo, se postulaba para unas nuevas elecciones. Ahora, con diferencias. Lukashenko tenía una oposición principalmente liderada por mujeres. En concreto, tres: Svetlana Tijanóvskaya, Veronika Tsepkalo y María Kolesnikova.

Svetlana, traductora y profesora de inglés, decidió postularse después de que su marido, Serguéi Tijanovsk, fuera detenido y encarcelado tras dar a conocer su intención de presentarse a las elecciones; Veronika Tsepkalo, esposa del aspirante inhabilitado Valeri Tsepkalo, y María Kolesnikova, representante del también expostulante Víctor Babariko. Estas tres figuras masculinas, las cuales fueron inhabilitadas de la carrera presidencial antes de tiempo, se erigían como la oposición tradicional bielorrusa: el primero de ellos, detenido cuando participaba en un acto electoral para recaudar firmas; el segundo, exiliado en Rusia por amenazas y, el tercero, en prisión por supuesta evasión de impuestos y blanqueo de dinero.

Así, las tres mujeres se alzaban como las principales candidatas a desafiar al gobierno de Lukashenko, “el último dictador de Europa”. «Mi posición y el Estado nunca me permitirán llegar a ser un dictador… pero gobernar con estilo autoritario es una característica mía y siempre lo he admitido», afirmó el presidente en una entrevista a una radio bielorrusa en el año 2003.

Veronika Tsepkalo, Svetlana Tijanóvskaya y Maria Kolesnikova durante una conferencia de prensa en Minsk, Bielorrusia. Fuente: EFE / Tatyana Zenkovich
Verano de protestas

Los pasados meses de verano, el país se vio sumergido en una ola de arrestos (más de 2.000 personas fueron arrestadas durante la campaña) y protestas contra el gobierno. Todo esto contribuyó a que la campaña electoral fuese, sin ninguna duda, un recorrido arduo con numerosos obstáculos. La carrera, que se debatía entre una oposición que prometía nuevos aires para el país y un cansado gobierno de Aleksandr Lukashenko, continuaba en mitad de una sociedad cada vez más divergente.

Los mítines de la oposición resultaron ser masivos. El 30 de julio, Svetlana Tijanóvskaya conseguía reunir en Minsk más de 63.000 personas –así lo confirmaba Vyasná, grupo de derechos humanos–. Para ella, las manifestaciones supusieron ya una victoria. «Hemos ganado porque hemos vencido al miedo, la apatía y la indiferencia», afirmó.

Svetlana Tijanóvskaya durante una protesta en el país. AD Noticias

Con todo, llegaba el 9 de agosto, el día de las elecciones. El resultado final: Lukashenko ganaba, según la agencia de noticias estatal de Belta, con más de un 80% de los votos. La oposición, sin embargo, no llegaba ni al 10%. La oposición rechazó el dictamen electoral y lo calificaba como fraude. «El poder debe reflexionar sobre cómo cedernos el poder. Me considero vencedora de la elección», declaró Tijanóvskaya. Además, muchos expertos afirman que, desde el año 1995, no se han celebrado unas elecciones justas y libres en el país.

La población tomó las calles y la noche se clausuró con disturbios en más de 33 ciudades del país, así como con un muerto y decenas de heridos. Rusia y China, por su parte, felicitaron la victoria del líder bielorruso mientras que ciudades como Alemania advirtieron el fraude electoral.

La situación actual del país

Inmediatamente, después de las elecciones, la opositora Veronika Tsepkalo se marchó del país por miedo a la persecución, al igual que Tijanóvskaya, que se exilió a Lituania. “Svetlana Tijanóvskaya está a salvo, está en Lituania», comunicó el jefe de la diplomacia lituana a través de su cuenta oficial de Twitter.

A finales del mes de agosto, los países bálticos (Estonia, Lituania y Letonia) vetaron al gobierno de Lukashenko. En otro de los intentos del presidente por detener las protestas, la opositora María Kolesnikova fue secuestrada y detenida en septiembre y ahora permanece en prisión. Un poco más tarde, Kolesnikova fue imputada por atentar contra la seguridad nacional.

Varias mujeres sujetan dibujos de Tijanóvskaya, Tsepkalo y Kolesnikova, durante un acto de campaña de la candidata a las presidenciales bielorrusas Svetlana Tijanóvskaya, en Borisov. Fuente: Sergei Grits

El 23 de septiembre, Lukashenko se autoproclamó presidente. Ya en octubre, la Unión Europea pedía sanciones para el gobierno bielorruso: 40 altos cargos se encontraron en la lista de sancionados, de la cual se excluyó a Lukashenko. “Se les castiga con la prohibición de entrada al territorio comunitario al tiempo que se congela sus bienes en la UE. Se ha optado por el «enfoque gradual». Dejar la lista sin cerrar e ir añadiendo nombres a los que aplicar correctivos. Solo así se explica la ausencia del propio Lukashenko”, afirmaba el pasado mes el periódico español Hoy. Asimismo, Emmanuel Macron, añadía: “Si la situación se vuelve más complicada no nos abstendremos de incluirle”.

El 22 de octubre, las líderes que dirigieron la oposición bielorrusa recibieron el Premio Sájarov 2020, concedido por el Parlamento Europeo. “Una iniciativa de mujeres valientes y figuras políticas y de la sociedad civil”, según las palabras de la propia Eurocámara.

Ya en el mes de noviembre, Lukashenko continúa en su intento por recuperar las relaciones con la Rusia de Putin y plantea la idea de crear una segunda central nuclear en el país. El 4 de noviembre, Alemania emitió un comunicado en el que negaba la legitimidad de Lukashenko como presidente electo y reclamaba la celebración de unas nuevas elecciones, bajo la vigilancia de miembros de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Esta misma institución demanda la cancelación de los resultados electorales y una nueva llamada a las urnas bielorrusas. Según afirma la agencia de noticias rusa Sputnik, las autoridades bielorrusas rechazaron el informe por falta de exhaustividad y afirman que Minsk no acepta sus recomendaciones.

Aleksandr Lukashenko añade como respuesta que “los alemanes ayer se preocuparon por los bielorrusos e incluso aprobaron en el Parlamento una decisión para Bielorrusia”. “Es mejor que primero aclaren la situación allí. Pongan las cosas en claro en Polonia, que está más cerca. Y lo más importante es ver si ellos exigirán a los estadounidenses que realicen unas nuevas elecciones”, concluyó el líder bielorruso.